Firenze
Mi visita relámpago a "LA CIUDAD", me supo a poco. Para entrar a la mayoría de iglesias había que pagar, por eso como sólo tuve un día para ver todo lo principal, me quedé en sus fachadas.
Es muy fácil hacer una guía de lo más turístico, Florencia es famosa en toda Italia por ser la cuna del Renacimiento, la ciudad del Arte (con mayúscula), el lujo y la comida (como tantas otras italianas).
Nada más llegar por la estación de trenes, te da la bienvenida a la ciudad la Basílica di Santa María Novella. La parte posterior y la delantera no tienen nada que ver. Mientras que de entrada te encuentras con piedra y grandes ventanales, la fachada que da a la plaza tiene ese contraste de mármol bicolor tan característico de la Toscana.
Cuando empieces a adentrarte en Florencia te darás cuenta de que el centro histórico no es muy grande. Lo principalísimo se encuentra en la Piazza del Duomo, allí podrás ver el Baptisterio, el Campanile y la catedral de Santa Maria dei Fiore. No sabrás hacia donde mirar.
Hablemos de la maravilla de duomo que tiene esta ciudad: de pleno Renacimiento (siglo XIV) es la cúpula de Brunelleschi con 45 metros de diámetro y 100 de alto, una de las más grandes del mundo y la mayor para su época. En el interior del templo hay frescos de Giorgio Vasari sobre el Juicio Final y en el exterior, el mármol fiorentino blanco, verde y rosa, dibuja formas geométricas impresionantes. Si te quedas hasta que se pone el sol, los juegos de luces te harán creer que estás en una obra de teatro ¡es alucinante!.
Si pudiese elegir un solo lugar en el que pasar horas y horas, no dudaría ni un segundo en quedarme embobada contemplando cada detalle de la fachada principal, cada cornisa, cada columna...
Como ya habrás comprobado, en la mayoría de las iglesias italianas con campanario, este se separa del cuerpo principal, para tener protagonismo propio (uno muy famoso es el Campanile de la Piazza de San Marcos en Venezia). Aquí el señor Giotto hizo lo mismo.
Hacia el otro lado, el Baptisterio con las famosas Puertas del Paraíso de Ghiberti.
También en el centro, además de la famosísima Academia de Bellas Artes y la Galería de la Academia (donde ver al David de Miguel Ángel entre muchas otras obras de arte), está la Piazza della Signora y el Palazzo Vecchio, la iglesia de Santa Croce y la galería de los Uffici.
De cara al río, lo más fotografiable es el Ponte Vecchio que, como el Ponte Rialto de Venezia, está plagado de antiguas y muy pequeñas tiendas artesanales y que, ahora se convierten en un agobiante punto turístico. Hay otros puentes, claro, pero la postal florentina se caracteriza más con el Vecchio.
Una vez cruzas el fiume Arno, podrás callejear para encontrarte con la Basílica di Santo Spirito o seguir recto hasta el Palazzo Pitti. Sus jardines son inmensos y muy bonitos, pero también de pago (con lo importante que es la cultura y lo poco accesible que la hacen cobrando entrada en todas partes...).
Para terminar el día, además de con un buen helado, solo queda ver la puesta de sol desde la Piazza Michelangelo, en lo alto de una colina. Las vistas de las cúpulas y los campanarios sobresaliendo por encima de los tejados de las casas es la mejor despedida para esta ciudad.
[Por cierto, OJO, mucho ojo con el precio de los helados. Si eres tan primerizo como yo y te dejas llevar por las vitrinas y los colores sin preguntar el precio antes de pedir, puede que te claven 8 eurazos por un helado. Como lo lees]

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